Borges, Séneca y Ernesto Sótano redivivos

Hoy despierto a un filósofo cordobés de la tumba para traeros este poema. Y hablando de tumbas… Roberto Alifano cuenta el gracioso desliz de un periodista norteamericano que al entrevistar a Borges le dijo, “Usted es el segundo escritor que voy a entrevistar; ayer estuve con el primer escritor argentino: Ernesto Sótano”, y al preguntar al genio argentino si lo conocía o conocía su obra éste respondió, socarrón, “Pero, claro, por supuesto, señor. Es un autor que escribe sobre túneles, tumbas, y cosas así. ¡Cómo no voy a conocer a Ernesto Sótano!”. Podéis leer ésta y otras anécdotas geniales aquí:

Porque no hallamos o Séneca habla desde la tumba

Yo os digo que es mejor,
a menos que queráis perder la cabeza,
relegar la racionalización
de la búsqueda
a los instantes
posteriores
al encuentro,
porque sólo allí,
en el descampado de signos,
entre botellas
y amasijos de hierro pajizo,
junto a muñecas ictéricas,
cuando nos tumbemos al fin
sobre las piedras lisas
y las manos hablen con las manos, comprenderemos:
y la historia se desbrozará
y veremos que el monismo
asoma la cabeza
entre las piernas
de la Gran Madre.Y si el encuentro nunca se produjera
-¡Oh pícara Mnemosine!-
no lloréis porque no hallamos,
razonad que la búsqueda era lo importante.

(“Porque no hallamos o Séneca habla desde la tumba” first appeared in Vulture Magazine, Sept. 2010 [Spain])


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Cayendo en amor

Aunque las efemérides sean vanas, ridículas y mercantiles… ¿qué clase de poeta no publica el día de San Valentín? Ahí va uno inédito, que cerrará mi ciclo de poemas “Para que ninguna ola sobreviva”, cuando lo termine, dentro de un tiempo… un tiempo considerable, teniendo en cuenta que mi poemario en inglés es cincuentón y aún le queda mucho aliento:

À contretemps

A Jacques Derrida

Búsqueda
viaje,
encuentro,
reconocimiento,
paz,
amor,los seis brazos de la Vía Láctea,
la leche que nos amamanta
en la vida que pasamos hozando hacia el otro,
ese cisne negro iniciático de nuestra juventud
al que dimos vida en nuestra imaginación
con la esperanza de que algún día
se hiciera presente ante nosotros
porque en nosotros, eso sí lo supimos,
nunca podríamos hallar respuesta:

te reconozco, ven a mí, dame tus manos
y olvídalo todo, que no sabemos nunca
lo que durará la paz, nuestro amor,
a contratiempo.

(“À contretemps” first appeared in Vulture Magazine, Sept. 2010 [Spain])


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