Real es lo que día, lo que muerte

Cuaderno Americano celebra hoy con un poema inédito el Año Nuevo y sus primeras 4000 visitas… Gracias a todos por vuestro apoyo. Os deseo lo mejor. Una vida larga y plena y poética. / American Notebook celebrates today with an unpublished poem the New Year and its first 4000 visits… Thank you for your support. I wish you the very best. A long and full and poetic life.

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Real es lo que día, lo que muerte del individuo,
lo que triste y tabaco y Tchaikovsky cisne sin alas,
lo que nunca quise y rododendros imaginando,
paseo largo a la salida de la estación
para no ver, no sentir, no pisar,
para llegar al fin con paz fijada en canción de tiempo,
en blanco y negro,
como las mejores fotografías.

Mi alma trenza un barquito de mimbre
y se da a la fuga,
porque no le gusta lo que ve.

Reloj ensartado de agujas como
filo anguloso de vida-realidad
que mide al milímetro el tiempo del aire,
que calcula la siguiente respiración incierta.

Lo que no es alma,
todo,
esquilma ayer el fresno
del jardín ansiado
con niñas y chambori
preguntándose
cuándo sucederá el olvido
de ti, de mí,
que jugamos circunscritos a lo real.

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Poesía a Viva Voz III

Aquí tenéis “18” (parte de Fotogramas), una poesía juguetona inspirada en el estilo irreverente de recitado del maestro Gonzalo Rojas, que reflexiona sobre la naturaleza (traicionera) del lenguaje y sobre el ilusorio poder de la poesía y la palabra para alcanzar mejoras sociales:

Y “19” (Fotogramas), una de mis poesías más pesimistas, que nació de un viaje a Madrid, hace ya diez años:

(“19” first appeared in Revista Cultural Turia, nº 84, 2008 [Spain])


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19

Este viaje nuestro es una tristeza que no sabría decir.

Las avenidas permutadas en concierto de luces,
El claxon del auto que enfila hacia lugares desconocidos,
La sala del cinematógrafo en silencio.
Ni yo mismo soy libre al fluir.
Lento. Cambiante.
Es una tristeza que confabula,
un tambor en una sala vacía,
un túnel transparente y el ascensor que se eleva,
asciende
y sube
hacia lo más hondo para proferir palabras que cristalizan
sobre la palma de tu mano,
cristales que podrás
archivar
clasificar
recuperar
destruir.
Esta tristeza…
yo no sabría decir qué, o cómo,
pero sí, esta tristeza revienta
en las cuencas de los faros de los autobuses,
se encarama sobre los carteles pragmáticos:
Compra
Vende
Tristeza.
En el humo ensordecedor
o en la vereda de grifos que barbotan amor por la Montería.
En la plaza desapacible, armada de lápices gigantescos,
en la estría que conduce a mi habitación,
el lento ascenso de tres pisos de tristeza
para después aclarar mi cara con ella,
secarme con ella,
abrirla y meterme y cubrirme con ella
y dormirme hasta despertar.

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