Instantáneas de Buenos Aires II: Confieso que he cogido

Lo confieso. No he hecho otra cosa desde que llegué a Buenos Aires. No he parado de coger como un loco refocilándome sin freno en el fornicio.

Confieso que nada más aterrizar en Ezeiza cogí un par de maletas, así, por partida doble, sin pudor, dejando a medio aeropuerto con el rostro demudado y dando gritos hasta morir de frío.

Lo confieso, no lo oculto. Ya en el hostal y en flagrante ignorancia de las buenas costumbres, cogí sin más las llaves, en pleno mostrador de recepción, y sin mediar palabra me recogí en el cuarto y es que cuanto más cansado se está, mejor se coge el sueño.

Lo confieso, no envido. A lo largo de estos últimos diez días he cogido como un poseso, de todo y en todas las posturas imaginables, en sórdido follón desinhibido. Barandillas y empanadas, picaportes y manubrios, plátanos y manivelas, alfajores, subtes y colectivos.

Por Corrientes o por Florida, mi concupiscencia fabulatriz nunca entendió, en cosas del coger, de vergüenza ajena ni límites psicofísicos. Confieso haber cogido en público y sin protección infinidad de mapas, folletos, panfletos y libros, del derecho y del revés, en cuclillas o arrodillado, ya fuera por necesidad o puro vicio.

Pero hoy vengo a decirles que no puedo más, que no quiero cogérmelo todo, que no quiero para mí tantas desgracias: prefiero seguir de tomo y agarro y olvido.

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4 comentarios en “Instantáneas de Buenos Aires II: Confieso que he cogido

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