La habitación roja

    a Henri Matisse

Como a una muestra brutal,
una imagen recurrente
de besos palpables;
así te veo a ti,
cúspide aliada,
deslizándote y penetrando la noche.

En mi tibieza insomne oigo
la cercanía de tus senos áridos,
símbolos que enhebro
y capto con placidez.

Pero, ay, la ambigüedad cortés,
ese pilón deslucido lleno de peces
como anhelos rojos, ¿o de tantos colores?
No, son rojos, rojos de un sol descarnado
y aletas vacilantes
ya los blande el aire fatigado y cobrizo,
poetas albos, miríada de adoquines
que van curvando, rizando y besando aire
como un cortejo de nucas
o torsos que se ruborizan,
testigos y marismas de piel
en esta habitación roja y silente.

 

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