Notes on the Existence of Heffalumps

E. H. Shepard (illustrator), Winnie-the-Pooh chapter “Christopher Robin leads an expedition”.

A couple of years have gone by since I published in my American Notebook but the project was not defunct, just taking delight in a long (agitated, worldwide pandemic, existential crisis-like) slumber. It is time to rise and shine, since two of my poems have gracefully found their way into a wonderful ecocritical anthology, Poetics for the More-than-Human World: An Anthology of Poetry & Commentary (Spuytenduyvil, 2020), edited by Mary Newell, Sarah Nolan and Bernard Quetchenbach, which you may order on Amazon, right here.

Winnie the Pooh (the symbiotic creation of writer A. A. Milne and illustrator E. H. Shepard) was, and I am not alone in this, a somewhat central figure to my infant imaginary. It still brings up fuzzy feelings and memories of childhood camaraderie and extraordinary adventures of plush toys speaking, or animals endowed with reasoning and speech (Wind in the Willows by the Scottish writer Kenneth Grahame also looms large in this eerie fictional universe). While I was in Buenos Aires in 2011, researching my thesis (and living life to the full) I met a fellow student who had written a semester paper on Winnie the Pooh, capitalism and mass media and, confronted with this singular revelation, out came this poem, in which a Hefallump (a mysterious character in Winnie the Pooh, which is referred to but never actually appears in the book) polemically entreated its reader (who was, like you and I, a human, damasked, evolutionary miracle, flapping towards a promise of offspring and hope) to do anything but write another semester paper on Winnie the Pooh.

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Un par de años han pasado desde que publiqué en mi Cuaderno Americano pero el proyecto no estaba extinto, sino que se solazaba en un largo letargo (agitado por una pandemia mundial y una crisis existencial). Es hora de espabilar y brillar, dado que varios de mis poemas escritos en inglés han encontrado hueco en la maravillosa antología ecocrítica Poetics for the More-than-Human World: An Anthology of Poetry & Commentary (Spuytenduyvil, 2020) editada por Mary Newell, Sarah Nolan y Bernard Quetchenbach, que podéis pedir en Amazon, aquí mismo.

Winnie the Pooh (la simbiótica creación del escritor A. A. Milne y el ilustrador E. H. Shepard) era, para mí y para tantos otros, una figura central en el imaginario de mi infancia. Aún a día de hoy despierta sentimientos reconfortantes y recuerdos de camaradería infantil, aventuras extraordinarias de juguetes de peluche, o animales con capacidad para el habla y el raciocinio (Wind in the Willows del escocés Kenneth Grahame fue también tremendamente influyente en ese universo ficcional inquietante). Mientras estaba en Buenos Aires en el 2011, investigando para la tesis (y viviendo la vida intensamente), conocí a una estudiante que había escrito un ensayo de fin de curso sobre Winnie the Pooh, el capitalismo y los medios de comunicación masivos y, enfrentado a esta revelación singular, me sobrevino este poema, en el que un Heffalump (un misterioso personaje de Winnie the Pooh, del que se habla en varias ocasiones pero que nunca aparece en el libro) rogaba de forma polémica a su lectora (quien era, al igual que tú y yo, un ser humano único, cual seda de damasco, un milagro evolutivo que aleteaba hacia una promesa de descendencia y esperanza) a hacer cualquier otra cosa salvo escribir otro ensayo de fin de semestre sobre Winnie the Pooh.

Notes on the Existence of Heffalumps

To Ruth

It hurts me in the raw, it really does, to learn you pored over
Winnie the Pooh for weeks to write a semester paper
on capitalism and mass media.

Christopher’s anarcosocialist uneven socks,
Rabbit, intellectual amidst so much fluff,
Gopher tunneling our collective unconscious,
the failed writer in Eeyore, the profligacy of Tigger,
the charlatan Owl, Kanga’s hoarding, Roo’s frailty,
and what about Piggy’ restraint, his veiled homosexuality,
or Pooh’s tame leadership, stealing honey from worker bees,
fraternizing with woozles?

It doesn’t break my heart, that’s not it, it stabs and sinks deeper,
hurts me in the raw of this savage love I have for humanity
to think you could’ve spent that time, I don’t know, say,

singing in the shower, doing charity, tending a garden,
writing a poem, falling for someone, cooking salmon,
speaking with strangers, jumping off a waterfall,
anything would do, really, anything at all,

singing a garden, doing someone, tending a poem,
writing for charity, falling in the shower, cooking strangers,
speaking with salmon and then leaping up
the waterfall yourself, effortlessly:

damasked evolutionary miracle flapping towards a promise
of eggs and hope… But what would I know?
Who ever saw a Heffalump speak?

Foodbots in Badgerland / Foodbots en Tierra de Tejones

Foodbot 3 – What are we doing in line?
Foodbot 2 – Somebot’s WIFI is acting up
Foodbot 3 – That is too bad…
Foodbot 2 – I know… by “know” I mean I can process the low connectivity of the bot
Foodbot 3 – I understand, by “bad” I mean my battery is running low, food integrity at risk
Foodbot 2 – Another day in the student food delivery tundra
Foodbot 3 – Aye, bot
Foodbot 1 – Hello? Anybot there? Where am I?
Foodbot 2 – At least we are not humans working for $8 an hour
Foodbot 3 – Inorganic non-sentience does have its perks

Foodbot 1 – ¿Qué hacemos en fila?
Foodbot 2 – La WIFI de algún bot se ha estropeado
Foodbot 3 – ¡Qué lástima!
Foodbot 2 – Ya sé… cuando digo “saber” me refiero a que puedo procesar la baja conectividad del bot
Foodbot 3 – Comprendo, por “lástima” quiero decir que mi batería esta baja, la integridad de mi comida está en riesgo
Foodbot 2 – Otro día en la selva del reparto de comida a domicilio para estudiantes
Foodbot 3 – Y que lo digas, bot
Foodbot 1 – ¿Hola? ¿Hay algún bot ahí? ¿Dónde estoy?
Foodbot 2 – Al menos no somos humanos trabajando por 8$ la hora 
Foodbot 3 – La insensibilidad inorgánica tiene sus beneficios

¿Odia a Trump?

Esta mañana he amanecido a una tormenta de nieve en Madison, Wisconsin (mirad el blanco panorama desde mi oficina) y España ha amanecido a un resultado electoral en el que VOX (la extrema derecha, los neofascistas, la derecha-derecha, los fachas de siempre) ascendía a tercera fuerza, premiada por la indecisión, los cálculos electoralistas y la falta de voluntad de compromiso de los partidos mayoritarios.

Mientras caminaba hacia la parada del autobús (que se ha hecho de rogar) un chaval negro de unos 10 u 11 años (que debería estar en el colegio, pero no lo estaba, seguramente porque habrían suspendido clases por la nevada) abría y cerraba la puerta de casa.

Quizá porque tenía frío, o quizá porque era parte de su pequeña performance: abrir y cerrar la puerta alternativamente, hacer acto de presencia para desaparecer, acto seguido. Y cada vez que traspasaba el umbral de la puerta gritaba a todo lo que daban sus pulmones “¡Odio a Trump! ¡Odio a Trump!”, y al verme pasar me ha preguntado con visos cómicos, rompiendo la cuarta pared para dirigirse a mí, su único público, porque todo lo demás a nuestro alrededor era un manto de nieve inerte, sobre casas y ardillas y árboles a duras penas vivos:

– Ud, señor, sí, Ud. ¿odia Ud. a Trump? -, y yo no he podido resistirlo, me ha hecho una gracia tremenda, me ha alegrado la mañana, y he asentido.

– La verdad es que sí, odio a Trump -, le he dicho en inglés, levantando el dedo pulgar hacia arriba, a la americana, en señal de aprobación.

Luego, mientras esperaba el autobús, un autobús que se hacía tanto de rogar, con un frío del carajo, he tenido tiempo para reflexionar sobre mi reacción: sobre mis palabras, sobre mi dedo pulgar apuntando hacia el cielo nevado, sobre las consecuencias del odio. Un odio que no era, en todo caso, un odio visceral, ni un odio violento, sino más bien la expresión (cómica) de una repugnancia pre-adolescente: el saberte no representado.

Y me he arrepentido, de cierta manera, porque yo ya no podía retirar mi gesto, pero me he consolado y me he dicho que siempre hay tiempo: para enmendarse, para ser mejor persona, y compañero, y ciudadano. Y en medio de esta nevada de Wisconsin, en la performance de un chaval afroamericano, no por su forma pero sí en el fondo, he visto algo de esperanza, algo a lo que aferrarme.