Un partido y las clases de baile
3 febrero, 2011

En las gradas del Madison Square Garden hay un joven imberbe llamado Justin Bieber. Creo que canta. Me entero porque una chica con una camiseta de baloncesto se acerca temblando al joven y vuelve temblando a su sitio con un teléfono en la mano que agarra como una estampita temblorosa. No puede evitarlo. Supongo que le pidió un autógrafo o se hizo una foto con él. La cámara enfoca el asunto y me informa.
En un partido de baloncesto ocurren muchas cosas. Por ejemplo, Mike D’Antoni intenta enderezar el partido contra Dallas, me temo que con poco éxito.
Ocurre también que Spike Lee está vestido de fan apasionado y a punto está de saltar a la pista cuando le molesta una decisión arbitral. Juraría que intenta despistar a los jugadores de Dallas cuando pasan frente a él. La verdad es que no es nada nuevo. Ya se conocían las pasiones del director cuando los Knicks, en otra vida, se jugaban algo contra Reggie Miller. Cómo me gustaba Reggie Miller.
En realidad hoy quería escribir del Hotel Drake, pero me distraje con el partido y con Justin Bieber. Quería escribir del Hotel Drake y de las clases de baile.
Una vez, hace varios años, dormí un par de noches en el Hotel Drake. En realidad no sabía que era el Hotel Drake porque entonces se llamaba Swisshotel, o así lo conocía yo. Era un hotel pequeño y tranquilo en la calle 56 con Park Avenue.
No sabía que el Swisshotel se había construido sobre el Hotel Drake. Me enteré después.
Bernard Shor, propietario de un restaurante de referencia de la vida neoyorquina durante los años 40 y 50, vivió allí con su familia en sus últimos años. Había vendido su restaurante (Toots Shor) y resuelto los problemas fiscales que menguaron su fortuna. Leí la historia de Bernard, al que nadie llamaba así, y pensé en el Drake, que ya no existe.
Shor no fue su único inquilino de relumbrón. Como ocurría en otros hoteles de la ciudad -quizá el más emblemático el nostálgico y tristón Chelsea Hotel, que ahí sigue en pie- el Drake tenía huéspedes permanentes. Fue también durante alguna temporada la casa de Frank Sinatra, de Muhammed Ali, de Judy Garland.
Llegaron los años 80 y se convirtió en el Swisshotel. Todavía no sabía esta historia cuando estuve por última vez en una de sus habitaciones. Alguien me comentó entonces que lo iban a vender para construir apartamentos. Lo demolieron en 2007.
Queda el Hotel Drake de Chicago, en la Avenida Michigan desde los años veinte del siglo pasado. En el Hotel Drake de Chicago se podía aprender a bailar. Lo anunciaba la revista Life en un número de 1941. Últimamente pierdo el tiempo viendo número antiguos de Life, de Sports Illustrated, de Baseball Digest.
El anuncio: “Si puedes hacer este paso, podemos hacer de ti un buen bailarín en seis horas”. Vaya, si lo llego a saber.
(Nota meteorológica, para no faltar a la misión de este blog: hoy amaneció todo cubierto de hielo y fue el Día de la Marmota. Lo vi en directo por el canal NY1. Las cosas importantes hay que verlas en directo).
(Foto: Scene at square dance in rural home in McIntosh County, Oklahoma, 1939 o 1940. Farm Security Administration – Office of War Information Collection 11671-22 (DLC) 93845501)
