Escritor en Buchenwald
8 junio, 2011
En abril de 2010 escribí este breve texto sobre Jorge Semprún. Lo recupero con motivo de su muerte:
“Durante un tiempo leí a Jorge Semprún. Me interesaba su experiencia en el campo de concentración de Buchenwald, el destierro y el testimonio del hombre sin patria (si existe eso en realidad: ya se sabe que la patria es la infancia). En sus libros construía un relato al mismo tiempo nostálgico e histórico. Eran pura memoria personal, familiar, del hombre y el tiempo que le toca vivir.
En uno de ellos, no recuerdo cuál, contaba el paseo que daba de niño en París, recién llegado con su familia de España, y su primera experiencia del exilio. Hay otro, llamado ‘Aquel Domingo’ pero escrito originalmente en francés como gran parte de su obra, donde vuelve a sus recuerdos infantiles. Quizá sean el mismo.
Otro gran título para la memoria: “Adiós, luz de veranos”. Los relatos siguen pautas similares: largas digresiones, referencias literarias e históricas, la profunda raíz de los idiomas de su vida.
Su libro más conocido es “La escritura o la vida” (1994). El dilema se plantea como un desgarro. En realidad, Semprún escribe sobre su experiencia en el campo de concentración de Buchenwald porque no le queda más remedio. No hay elección, el dilema es artificial. Escribe, recuerda, vive o malvive al mismo tiempo, agarrado a la memoria y a la narración de los recuerdos.
El libro me resultó apabullante cuando lo leí. Tengo que volver a buscarlo. Quiero volver a leer las tristes descripciones de Buchenwald “bajo el viento glacial del Ettersberg”. Insisto: me impresionó.
Una vez estuve por ahí, en un viejo hotel de montaña, con las vigas de madera y la frialdad de Baviera. No dejaba de pensar en el humo de Buchenwald.
Semprún volverá al campo de concentración el 11 de abril. En un artículo publicado en El País lo anuncia, si puede considerarse esto un anuncio, y se despide: “Por última vez, pues el 11 de abril, ni resignado a morir ni angustiado por la muerte o, por el contrario, en su grisácea insipidez -que en este caso concreto son la misma cosa-, por última vez, diré lo que creo que tengo que decir”.
Dirá que lo que tiene que decir, que ya es mucho decir. El artículo continúa y se cita a Edmund Husserl en Viena en 1935: “El mayor peligro para Europa es el cansancio”.
Qué oportuno en este mes de abril, con la llegada de la primavera”.

