Escritor en Buchenwald
8 junio, 2011
En abril de 2010 escribí este breve texto sobre Jorge Semprún. Lo recupero con motivo de su muerte:
“Durante un tiempo leí a Jorge Semprún. Me interesaba su experiencia en el campo de concentración de Buchenwald, el destierro y el testimonio del hombre sin patria (si existe eso en realidad: ya se sabe que la patria es la infancia). En sus libros construía un relato al mismo tiempo nostálgico e histórico. Eran pura memoria personal, familiar, del hombre y el tiempo que le toca vivir.
En uno de ellos, no recuerdo cuál, contaba el paseo que daba de niño en París, recién llegado con su familia de España, y su primera experiencia del exilio. Hay otro, llamado ‘Aquel Domingo’ pero escrito originalmente en francés como gran parte de su obra, donde vuelve a sus recuerdos infantiles. Quizá sean el mismo.
Otro gran título para la memoria: “Adiós, luz de veranos”. Los relatos siguen pautas similares: largas digresiones, referencias literarias e históricas, la profunda raíz de los idiomas de su vida.
Su libro más conocido es “La escritura o la vida” (1994). El dilema se plantea como un desgarro. En realidad, Semprún escribe sobre su experiencia en el campo de concentración de Buchenwald porque no le queda más remedio. No hay elección, el dilema es artificial. Escribe, recuerda, vive o malvive al mismo tiempo, agarrado a la memoria y a la narración de los recuerdos.
El libro me resultó apabullante cuando lo leí. Tengo que volver a buscarlo. Quiero volver a leer las tristes descripciones de Buchenwald “bajo el viento glacial del Ettersberg”. Insisto: me impresionó.
Una vez estuve por ahí, en un viejo hotel de montaña, con las vigas de madera y la frialdad de Baviera. No dejaba de pensar en el humo de Buchenwald.
Semprún volverá al campo de concentración el 11 de abril. En un artículo publicado en El País lo anuncia, si puede considerarse esto un anuncio, y se despide: “Por última vez, pues el 11 de abril, ni resignado a morir ni angustiado por la muerte o, por el contrario, en su grisácea insipidez -que en este caso concreto son la misma cosa-, por última vez, diré lo que creo que tengo que decir”.
Dirá que lo que tiene que decir, que ya es mucho decir. El artículo continúa y se cita a Edmund Husserl en Viena en 1935: “El mayor peligro para Europa es el cansancio”.
Qué oportuno en este mes de abril, con la llegada de la primavera”.
Notas de Fukushima
14 marzo, 2011
Desde el pasado viernes estoy pegado a las noticias sobre el terremoto de Japón. Viví allí entre 2002 y 2004 y viajo todos los años al menos en una ocasión desde hace ya una década. En Japón nació Tana. Su familia vive allí. Nuestros dos hijos tienen nombre japonés. Tengo aprecio personal y relación familiar con el país.
Las noticias son terribles. Hemos estados varios días observando el desarrollo de los acontecimientos y hemos decidido crear un pequeño blog donde incluiremos noticias, testimonios, enlaces y reacciones sobre el terremoto.
Me gustaría que la página fuera un pequeño repositorio del suceso. Poco a poco colgaremos textos que nos envíen familiares y amigos de Japón, artículos, cartas, imágenes.
Seguiré escribiendo en Cuaderno Americano: sobre baloncesto, sobre el tiempo (todavía no despunta la primavera), sobre la fantástica ciudad de Nueva York. Pero estaré ocupado también con “Notas de Fukushima”.
Frank Rich y la columna aburrida
2 marzo, 2011
Los domingos leo a Frank Rich en el New York Times. Rich es analista de política nacional, antes crítico de teatro del periódico. Olviden los ejercicios de brillantez que con frecuencia se publican como columnas. No es el caso de Frank Rich. Sus textos son certeros.
Viene a cuento Rich esta vez porque ha anunciado que dejará el New York Times y a partir de junio escribirá en New York Magazine. En la página de información de medios de comunicación WWD explican lo que ha ocurrido. No me voy a poner ahora a hacer la crónica rosa de los medios de comunicación, que nadie se lleve las manos a la cabeza. Lo que me interesa es por qué un veterano y reputado columnista, reconocido por su excelente trabajo, busca nuevos aires y no sólo un retiro bien pagado.
Hace cinco semanas, cuenta WWD, Rich le escribió un correo a Adam Moss, director de New York Magazine y su amigo desde hace 24 años. Necesitaba hacer algo diferente. Le pidió consejo. Moss le ofreció que se uniera a la revista, como intentó y a punto estuvo de conseguir en 1994.
“¿Qué quieres que haga?”, le preguntó Rich.
Moss le propuso que escribiera una columna mensual -”casi una mini-revista”- y una vez a la semana en la página web de la publicación. A Rich le gustó y aceptó la propuesta. Así terminan 31 años en el New York Times, donde ha cuidado y enseñado a varias generaciones de redactores, y donde su papel como consejero se valoraba tanto como sus columnas.
Probablemente, después de 31 años la carrera de Rich necesitaba nuevos aires. Quizá, también, nuevos y apasionantes retos. Rich no quería dirigir. Quería escribir y estar en contacto con los lectores.
La reinvención de los periódicos en ocasiones puede ser muy sencilla. Quizá baste con alterar pequeñas rutinas y buscar nuevos huecos para los redactores, jóvenes y veteranos, donde puedan construir un diálogo acorde con las demandas actuales de los lectores, eso que Jay Rosen llama “la gente antes conocida como la audiencia”.
Por lo demás, sigue el invierno, sin nieve pero invierno.
Bill Keller y el debate sobre Wikileaks
4 febrero, 2011

Soprenden, en el ritmo de la actualidad, estas palabras de Bill Keller: “Todavía recibo mensajes que me acusan de ser un antipatriota hijo de puta”. Habla sobre Wikileaks, un asunto que se ha convertido en un género periodístico.
Keller es el director del New York Times y antes un reportero de largo oficio, ganador en 1989 de un Premio Pulitzer por su cobertura sobre la desaparición de la Unión Soviética. Resulta curioso que los dos principales directores de medios neoyorquinos, Keller en el NYT y David Remnick en el New Yorker, hayan sido corresponsales en Moscú. Los dos ganaron también un Pulitzer por su trabajo de entonces.
Ayer tuve la oportunidad de hablar con Keller después de escuchar un debate en la Universidad de Columbia. Me pareció un reportero curtido. Elige con cuidado sus palabras y habla con claridad. No dramatiza.
Dice que recibe mensajes como el que cito en el primer párrafo, pero no levanta la voz. Explica también, con una sonrisa, que no tiene ni la más remota idea de lo que va a publicar cada día la sección de opinión, o si la cobertura del ‘cablegate’ contradice en algún momento las páginas editoriales. “No es mi dominio”, dice sonriente. En fin, sigue pareciendo un reportero.
El debate se celebró en la majestuosa Low Memorial Library, el edificio más representativo de la Universidad de Columbia en el campus de Morningside Heights, al norte de Manhattan. Es un enorme edificio de estilo neoclásico rematado con una bóveda de granito que se dice la mayor del país. En los estrechos caminos que lo circundan se amontona la nieve helada. Se acumulan las nevadas unas sobre otras en Nueva York en este invierno de temporal. El frío era afilado.
Junto a Keller estaban Alan Rudsbridger, director de The Guardian, y Jack Goldsmith, de la Facultad de Derecho de Harvard y asistente del Fiscal del Estado durante la administración Bush.
Emily Bell, directora desde hace menos de un año del nuevo centro de periodismo digital de Columbia, moderaba un nuevo debate sobre Wikileaks, la página sin fronteras ni sede conocida. Se habló tanto de los papeles de Wikileaks como de su naturaleza y su influencia en el periodismo. También, claro, de Julian Assange, el hombre detrás de Wikileaks.
New York Times y Guardian han participado en la difusión de las filtraciones de Wikileaks desde sus primeros acuerdos con medios de comunicación. Keller ha publicado un largo artículo donde expone con detalle su experiencia: “Dealing with Assange and the Wikileaks Secrets”.
El texto analiza con claridad el devenir de la relación con Assange y su esquiva personalidad, las ambiciones de unos y otros, los errores en los que pueda haber incurrido el NYT en otras ocasiones y la perspectiva que arrojan sobre las decisiones del complejo e imprevisible presente, un aspecto especialmente interesante. Entiendo que es un artículo de referencia.
Lo recogió primero la revista dominical del NYT y se ha convertido en el prólogo de un libro en formato electrónico que acaba de publicar el diario de Nueva York. Recoge la cobertura completa y actualizada de los papeles de Wikileaks y el debate que ha suscitado.
‘The Guardian’ ha publicado otro libro similar. Se llama “Wikileaks: Inside Julian Assange’s War on Secrecy”. El Guardian, a pesar de la distancia y a diferencia del Times, mantiene contacto permanente con Assange.
Bien, está todo escrito. Cientos de páginas. Pero el debate en torno a Wikileaks continúa.
El edificio de la Universidad de Columbia estaba lleno a las siete de la tarde de la helada noche de un jueves. ¿Qué provoca tanta fascinación? ¿Es Julian Assange, de quien Rudsbridger dice que aparece y desaparece de la escena sin que puedas evitarlo? ¿La transparencia o, más bien, la falta de transparencia de los Gobiernos y, en general, de las estructuras de poder? ¿La crisis de los medios y su evolución? ¿Los tiempos que nos tocan vivir?
Resalto sólo tres cosas, el resto entiendo que está todo en los libros que publican el Times y Guardian y en la cobertura de los últimos meses.
Sobre Assange, unas palabras de Rudsbridger acerca de su personalidad: “Es muchas cosas. Se pone distintos gorros”, dice.
Unas veces, afirma el director del Guardian, Assange es un activista, otras un hacker, otras una fuente y en ocasiones quiere ser el editor de un medio. Empieza una reunión visiblemente enfadado y la acaba tranquilo y sonriente.
Keller no lo conoce personalmente, sus contactos con él han sido telefónicos. Lo considera una fuente a la que escucha, dijo, con cautela.
Sobre la influencia de Wikileaks en el sector: Keller considera que ha acelerado algunos procesos que en realidad estaban en marcha, de una forma u otra, desde hacía una década. Sobre todo, la adopción y el desarrollo de nuevas herramientas tecnológicas y habilidades para manejar y descifrar grandes bases de datos. Rudsbridger coincide.
Keller insiste también: todavía se sabe muy poco de los últimos papeles de Wikileaks, el conocido como ‘cablegate’. Un equipo del New York Times sigue analizándolos.
Tercer punto: la colaboración entre medios de distintos países (entre ellos, en España, El País). Según las palabras que se escucharon ayer son colaboraciones estratégicas que surgieron sobre todo por cuestiones legales y tecnológicas. La tecnología, de nuevo, como factor clave del futuro de los medios y su desarrollo.
La colaboración entre el Guardian y el Times fue especialmente estrecha al principio, cuentan los dos directores, con el propósito inicial de analizar entre los dos medios la veracidad de las filtraciones de Wikileaks sobre Afganistán e Irak, pero es independiente del posterior escrutinio de la documentación. Cada uno publica lo que considera.
Y una nota sobre el debate: palabras claras, precisas, poco ruido, nada de promoción innecesaria. Emily Bell intervino para hacer preguntas concretas y complicadas, como las presiones del Gobierno estadounidense o la decisión de publicar unos papeles u otros. Se respondieron.
A veces es posible disfrutar en un debate sobre el periodismo y los medios de comunicación.
(Nota: Esta semana falleció Jaime Salinas, un nombre que recuerdo detrás de tantos libros. Vivió en Estados Unidos y murió en Islandia, dos razones más para sentir aprecio por él).
(Foto: Memorial Low Library, George Eastman House Collection)
El Challenger y la prensa
28 enero, 2011

Un día como hoy, en 1986, tras la explosión del Challenger el presidente Reagan pospuso su discurso del State of the Union. El 4 de febrero, finalmente, lo retomó: “Gracias por permitirme retrasar mi discurso hasta esta noche. Nos detuvimos para llorar y honrar el valor de nuestros siete héroes del Challenger”.
Apunte histórico: si me preguntan dónde estaba en 1986 diría que viendo el mundial de fútbol de México, que no llegó hasta el verano. Gol de Maradona. Recuerdo también la explosión del Challenger.
Vuelvo a Reagan, que los informativos decían “rigan”. Su imagen, por alguna razón que desconozco, la asocio de manera muy clara con esos años. Digo que no sé la razón porque era un niño. Jugaba al fútbol. En general, jugaba al fútbol y bostezaba en el colegio. El Madrid de los años 80 para un niño de 10 años, sin más. Pero las imágenes de la infancia se quedan grabadas y cuando vuelven lo hacen con fuerza.
La imagen de arriba es de 1984, como el libro tan citado: Michael Jackson junto al matrimonio Reagan en la Casa Blanca. Presentaban juntos una campaña para prevenir el consumo de alcohol entre los conductores. Si bebes, no conduzcas.
Tengo entre mis manos la biografía de Lou Cannon sobre el político. Llegó con retraso por la nieve (el apunte meteorológico no puede faltar) pero llegó. Es un trabajo impresionante: meticuloso, documentado hasta en los detalles más insignificantes. Un profundo análisis del político, sus circunstancias y aquellos años.
Lou Cannon cubrió durante tres décadas al político Reagan, al Gobernador Reagan (de California) y después al presidente Reagan. Primero como reportero de ‘San Jose Mercury News’ y después como corresponsal en la Casa Blanca del ‘Washington Post’. Tres décadas.
En 1991 publicó la biografía. El título es “The role of a lifetime”. Un papel para toda la vida. Se le puede aplicar al actor y al propio autor del libro.
Leo en la prensa más despidos en los medios de comunicación españoles. Cada vez más. El periodismo tiene muchos problemas, y no voy a empezar ahora una larga lista para anotarlos todos. Entre otras cosas, los periodistas no nos ponemos de acuerdo sobre los problemas. Hay diferentes escuelas en esto.
Sólo voy a señalar una de las consecuencias de esta crisis que no sabemos dónde acabará: casi no quedan periodistas como Lou Cannon, dedicados durante toda su carrera a cubrir con cuidado y detalle la misma información.
Dentro de unos años no creo que haya ni uno. Sí, nos reiremos mucho con vídeos ocurrentes en el iPad, a mí me encanta reírme, pero poco más. Mucha celebridad y poca, muy poca sustancia.
Al cabo de tres décadas los periodistas como Lou Cannon nos dejan libros como el que me llegó ayer a casa. Por cierto, perfectamente envuelto y sin una gota de la nieve que inunda la calle. Estos de Barnes & Noble parecen suizos.
(Foto: President (1981-1989 : Reagan). White House Photographic Office)
Obama y las palabras
14 enero, 2011

Quizá sea un buen momento para preguntarse si toda la sociedad americana, incluidos los grupos más reaccionarios, ha aceptado finalmente a Obama como presidente. En los dos primeros años al menos una parte lo ha rechazado con vehemencia y mucho ruido, más allá de la crítica razonable e incluso feroz. En ocasiones ha sido una crítica más bien irracional. El fondo del asunto era su elección, que parecía una broma histórica inaceptable.
Para cuestionarla se removieron las partidas de nacimiento y sus orígenes más allá de lo razonable, y se alimentaron teorías insólitas. Como gritaba un cartel en una convención del Tea Party: “Obama es inconstitucional. ‘Impeachment’”.
El discurso de Obama en Tucson y el impacto emocional del suceso quizá sea el inicio real de su mandato para estos grupos, como sus palabras en el Puente de Selma (Alabama) en 2004 ante veteranos líderes de la lucha por los derechos civiles lo bautizaron como candidato. O su discurso ‘A more perfect Union’, sobre la cuestión y diferencias raciales (marzo de 2008), que mitigó las primeras fobias en los sectores más reacios a aceptar los acontecimientos.
Obama en Tucson de nuevo ha hablado el mismo idioma, ajeno al debate baldío sobre las motivaciones del asesino y los habituales desatinos de los discursos políticos, entre los que siempre encuentra un lugar excepcional Sarah Palin, cuya figura parece más débil que nunca.
Obama, en el McKale Memorial Center de la Universidad de Arizona: “Si esta tragedia [los asesinatos de Tucson] genera reflexión y debate, como debería suceder, debemos asegurarnos de que están a la altura de aquellos a los que hemos perdido. Vamos a asegurarnos de que no entramos de nuevo en el típico hábito de la política de ganar puntos y de la mezquindad que siempre acaba diseminándose en el ciclo de vida de las noticias”.
Las 14.000 personas que lo escucharon celebraron el discurso de pie, entre aplausos. Millones de personas más han escuchado sus palabras en directo a través de la televisión, repetidas en los informativos, en internet. “Palabras que curan, no hieren”, titula ‘USA Today’ en portada.
En una columna publicada en El País, Antonio Caño cita varios ejemplos que muestran el impacto del discurso en ámbitos que habitualmente le han negado el pan y la sal al primer presidente afroamericano. Han tenido palabras de reconocimiento Rich Lowry en ‘National Review’, “un medio de referencia ‘neocon’”; Steve Lombardo, “encuestador del Partido Republicano y azote habitual del presidente en Fox News”; Charles Krauthammer, “uno de los más fieros columnistas anti-Obama”. Las descripciones son del corresponsal de El País.
Krauthammer dice: “Esto puede cambiar la percepción que tenemos de él como presidente’”, cita Caño en la columna (titulada, como un resumen gráfico de lo sucedido: “Cuando toda una nación abre los ojos”).
Remnick, como otros comentaristas, ha calificado el discurso como el más importante de su presidencia y a la altura de ‘A more perfect Union’, hasta ahora su discurso más emblemático.
Habría que preguntarse si Obama será ya aceptado como presidente y logrará su transformación en un nuevo Reagan Demócrata. La aspiración es un mantra entre los comentaristas cercanos al Partido Demócrata desde que en 2010 la sombra del fenómeno Obama empezó a ser una seria amenaza para el Obama presidente, inmerso en la crisis y en la política real, ya sin el confeti de las celebraciones.
Frank Morris y un artículo en Concordia Sentinel
13 enero, 2011

Tiene que haber alguien vivo que sepa quién mató a Frank Morris. Quién era Frank Morris: un zapatero de Ferriday, Lousiana, fallecido en el incendio de su zapatería una mañana del mes de diciembre de 1964.
Morris era negro. El suceso se consideró un caso más de la violencia racial que sacudió el sur de Estados Unidos durante la década de los sesenta. Estaba dentro de la zapatería cuando provocaron el incendio y murió cuatro días después por las quemaduras.
Ferriday: 3.000 habitantes en el delta de Lousiana. Se precia, según dicen, de ser la cuna de más celebridades por metro cuadrado que cualquier otro punto del país. Allí nació, por ejemplo, el músico Jerry Lee Lewis. Es la sede del Delta Music Museum, que recuerda la historia de músicos de la zona y del Delta del Mississippi.
Como muchos crímenes similares ocurridos entonces, la investigación del asesinato de Morris apuntó al Ku Klux Klan, pero no se pudo identificar al asesino. Durante 46 años el FBI se ha preguntado qué ocurrió. En 2007 incluyó el caso en la lista de casi 100 asesinatos sin resolver relacionados con la violencia racial y la represión del movimiento por los derechos civiles.
The Civil Rights Cold Case Project, un grupo creado en 2008 por Paperny Films en Canadá y el Center for Investigative Reporting de Berkeley, promueve la investigación de estos casos sin resolver. Stanley Nelson, periodista de 55 años miembro del grupo, ha escrito un largo y detallado artículo en un pequeño periódico de Lousiana llamado ‘Concordia Sentinel’ donde acusa a un hombre llamado Arthur Leonard Spencer, de 71 años y antiguo miembro del Ku Klux Klan, a partir de los testimonios de tres personas.
Tres testimonios -de su hijo, de su cuñado y de su ex mujer- implican a Spencer, que ha negado la acusación pero reconoce su pertenencia entonces al Klan. Los tres cuentan, básicamente, la misma historia: Spencer era miembro del grupo que tenía que quemar la zapatería de Morris. Su hijo lo cuenta como un accidente. Creían que no había nadie dentro cuando provocaron el incendio.
Morris, interrogado por el FBI en el hospital donde intentó en vano recuperarse de las quemaduras, afirmó sobre sus asesinos que se trababa de “dos amigos blancos”. Uno de ellos tenía una escopeta y el segundo un bidón de gasolina. Había un tercero, en principio identificado como el conductor de una furgoneta.
Dos de ellos habrían muerto ya. Spencer sería el único con vida de aquella noche de 1964.
Cuatro años después del asesinato, el acusado discutía con su cuñado sobre su experiencia en el Klan. “¿Alguna vez mataste a alguien”?, le preguntó. “Una vez por accidente”, respondió, según reconstruye el caso Stanley Nelson.
Su mujer entonces dice que nunca escuchó nada sobre el suceso que implicase a su marido. “Te digo que no tiene nada que ver con esto”, ha dicho al NYT, uno de los medios que se ha hecho eco del artículo del Concordia Sentinel (también, entre otros, NPR y CNN). La siguiente mujer de Spencer es uno de los testimonios citados por el artículo del Sentinel, publicado el pasado miércoles.
En los dos últimos meses el FBI ha entrevistado dos veces a Spencer, pero no hay ninguna acusación formal contra él.
Quién mató a Frank Morris, se pregunta Stanley Nelson. Su principal preocupación es el tiempo: los testigos de aquella época van despareciendo. En unos años será imposible resolver la lista que el FBI publicó en 2007.
(Foto: Ferriday – Wikipedia)
Tucson y otros apuntes
11 enero, 2011

Las frecuencias de la política americana están llenas de violencia estática, o interferencias violentas, he leído en un blog del New Yorker sobre los acontecimientos y el debate de los últimos días. Ya se sabe: en Tucson, Arizona, el sábado pasado un perturbado de 22 años disparó contra la congresista Demócrata Gabrielle Giffords, mató a seis personas e hirió a otras 18.
El perturbado, llamado Jared L. Loughner, está detenido. Los medios cuentan, poco a poco, los retazos de la historia: la preparación del crimen, el perfil del asesino, sus fracasos, unos correos de sus compañeros de clase, el juicio que se avecina. Sus procedimientos de perturbado.
El mismo sábado surgieron otros frentes en el debate más allá del tiroteo y las motivaciones, si las hubo o las necesitó, de Loughner. Con los sucesos de este tipo ocurre como con la nieve: empieza a derretirse y uno se pregunta a dónde fue a parar la basura.
El mismo sábado políticos Republicanos y Demócratas al unísono se preguntaron si la trifulca política y sus símbolos habían llegado demasiado lejos. Lo recogía, por ejemplo, National Public Radio (NPR), que por error dio por fallecida a la congresista (un “grave error”).
La discusión, en realidad, una vez diseccionado el asesino, es la trifulca política, especialmente acalorada en 2010 por la presidencia de Obama, la ley de reforma sanitaria y las políticas de inmigración.
“Cuando escuchas hablar de las terribles noticias de Arizona, ¿te sorprendes por completo? ¿O, de alguna manera, esperabas que ocurriera algo como esta atrocidad?”, se pregunta Paul Krugman en una columna titulada ‘Clima de odio’.
El pasado mes de marzo destrozaron la cristalera de la oficina de la congresista Demócrata tiroteada el sábado. Un juez asesinado en el mismo tiroteo necesitó protección oficial durante un mes ante las amenazas de muerte que había recibido.
El lenguaje para desacreditar la postura del contrario es extremo y se escucha con frecuencia la palabra “traidor”. Obama es un “traidor”. La ley de reforma sanitaria es una “traición”.
El debate es la retórica encendida que le gusta utilizar al Tea Party, directa al mentón y sin matices, jaleada por las interferencias violentas que dice el blog del New Yorker en alusión a las tertulias de radio y de televisión cercanas a estos mensajes. Lo han denunciado los Demócratas y también políticos independientes como Michael Bloomberg, que acusan al Tea Party de radicalizar la agenda política y secuestrar al Partido Republicano. Los políticos del Partido Republicano que lo han intentado denunciar a menudo han salido escaldados.
Llego al Tea Party. Tiene al menos dos puntos de interés.
Uno es su base, o sus bases como dicen los políticos, que representa a una parte significativa de la América olvidada, maltratada por las crisis y las circunstancias. No creo que merezcan ninguno desprecio. El Tea Party más bien encauza las frustaciones de este grupo e identifica con claridad sus preocupaciones e intereses. La democracia, al fin y al cabo. Es una oportunidad para escuchar a este grupo.
El otro punto de interés son sus líderes, acostumbrados a una falsificación constante de la historia y sus símbolos. La estrella es Sarah Palin, la animadora de la política de reality show, a quienes apuntan las críticas Demócratas estos días por lo que consideran su feroz aliento a las más bajas pasiones de la América suburbial.
Sería baldío entrar en el debate: Palin es responsable de sus palabras y la líder del esperpento, nada más y nada menos. Loughner, claro, de sus locuras.
Añade Krugman, tras aludir a los problemas mentales del asesino de Tucson: “Pero esto no significa que su acto [el del asesino] pueda o deba tratarse como un hecho aislado que no tiene nada que ver con el clima nacional” (sospecho que el Times va a recibir unas cuantas cartas por esta columna, como le ha ocurrido al New Yorker con el blog que menciono en el primer párrafo).
Siempre es bueno citar a Palin, le da un toque de color a cualquier texto: “Seguiremos aferrados a nuestra Constitución, a nuestras armas y a nuestra religión, y os podéis quedar con el cambio”, dijo la pasada primavera. El “cambio” que menciona es la evolución.
(La foto es de Ansel Adams, cuyo archivo de 2.500 fotografías, correspondencia personal y artículos inéditos se encuentra en el Center for Creative Photography de Tucson, que contribuyó a fundar a finales de los años setenta).

