La nieve y Nicolas Cage
1 febrero, 2011

No puedo dejar de escribir sobre el tiempo. Me tiene fascinado el Weather Channel, con sus reporteros en mitad de vendavales y ventiscas. Aparecen envueltos en gorros, bufandas y trajes espaciales, pero tranquilos como un monje en su huerto. A veces tienen el aspecto de un vecino simpático que ha cogido el micrófono y cuenta divertido la nevada.
Hay alerta de temporal en dos docenas de estados. Sí, 24. En Nueva York por la noche habrá tormenta helada, que parece el nombre de un café del Starbucks. Los cristales amanecerán cubiertos por una capa de hielo. En realidad, la ciudad entera estará cubierta por una capa de hielo, como la masa viscosa que sueltan los fantasmas en ‘Ghostbusters’ (1984). Qué película.
Otra película relacionada con la rabiosa actualidad meteorológica: ‘The Ice Storm’ (1997). Ang Lee retrata una tormenta de hielo en un próspero vecindario de Connecticut durante el fin de semana de Acción de Gracias. El hielo es el desenlace de la tragedia lenta de la familia Hoods, una representación de la familia americana en estado de descomposición.
Hay al menos una película, que yo conozca, sobre el hombre del tiempo. Se llama, claro, ‘The Weather Man’ (2005). El hombre del tiempo.
Nicolas Cage da la información meteorológica en un canal local de Chicago. Quiere triunfar en la vida, ser el mejor hombre del tiempo de la historia. Ganarse la prosperidad. Ahí está la trama: el triunfo o la familia feliz en un suburbio tranquilo (y nevado) de Chicago. Dickens en los tiempos del Weather Channel.
La voz triste de Cage ayuda, pero me hubiera gustado más la película con Bill Murray. Cualquier película gana con Bill Murray o con Philip Seymour Hoffman. En cualquier caso, una película poco valorada. Pertenece al género de Dickens y la vida moderna. Hay decenas de versiones. Hay que verlas todas.
El tiempo. No puedo dejar de escribir sobre el tiempo.
El tiempo y los tarareos
26 enero, 2011

Este blog cumple varias semanas ya, las suficientes para que tenga vida propia. Los blogs empiezan a ser interesantes cuando tienen vida propia.
Los temás están más definidos. Escribo sobre todo del tiempo y del deporte, especialmente del deporte de hace décadas y del tiempo presente, sobre todo si es anecdótico: la nieve, los vientos huracanados, el frío polar. Los intereses se definen a su debido tiempo. Cada vez me interesa más el tiempo y el deporte.
Esta noche vi en directo el discurso de Obama. Pero lo vi sin sonido. Como dirían los hermanos Marx, lo leí pero no lo escuché.
Veía las caras de los asistentes y me estaba poniendo malo. Fue un ejercicio interesante, sobre todo cuando el vicepresidente del Gobierno, Joe Biden, cogió la mano al portavoz del Congreso, John Boehner. Fue entrañable. Obama hablaba y se cogían la mano (Boehner con timidez). La política de gestos puros y duros.
Estaba leyendo (sobre béisbol, claro) y no subí el volumen. No creo que nadie lamente que no tenga ninguna opinión sobre las palabras de Obama. Mañana, hoy y en los días siguientes todo el mundo tendrá una opinión sobre Obama, incluidos los que no escucharon el discurso (quizá lo vieron).
Un apunte más: cuando juego con Taro a los coches o a peligrosas misiones espaciales tarareo la melodía de “El coche fantástico”, una serie memorable de nuestra infancia y juventud. La banda sonora es esencial para que el juego resulte realista.
Tengo que escribir más de música.
(Foto: Jay Rirke, Boston NL)
